SOBRE LA LIBERTAD DEL SER HUMANO COMO CUESTIÓN FILOSÓFICA
¿Somos realmente libres para elegir o estamos determinados por la voluntad del destino, Dios, la naturaleza o cualquier otra cosa que maneje a su antojo nuestra voluntad?
"la vida es un continuo instante de dos caras: una eterna duda y una eterna toma de resoluciones"
Ciertamente esta es una de esas eternas preguntas que con periódica regularidad se han repetido en la mente de todos y cada uno de los filósofos de la historia de la humanidad. Sobre este tema se han escrito multitud de ensayos, novelas y artículos, se han explorado los argumentos más diversos y se ha expuesto las conclusiones más variopintas.
Ojeando un poco las distintas corrientes filosóficas, sobresalen tres posturas fundamentales que tratan de esclarecer cómo en un mundo sujeto a relaciones de causa - efecto, existe la libertad. Dichas posiciones son las siguientes: un determinismo absoluto, un libertarismo absoluto y por último, un determinismo compatible con cierta libertad.
El determinismo absoluto afirma que si la conducta del hombre se halla determinada, no cabe hablar de libertad. El hecho de que la decisión para realizar una conducta sea el efecto de una causa, significaría que tal decisión no es libre. Por lo tanto, para esta corriente la elección libre se revela como una ilusión, ya que en verdad no hay tal libertad de voluntad. En pocas palabras, no soy yo quien elige propiamente, sino que son las causas las que eligen por mí.
Luego, frente al determinismo absoluto que niega la existencia de la libertad, se levanta una postura contraria denominada libertarismo, la cual prescribe que ser libre significa elegir y actuar de la forma que se quiera, es decir, poder comportarse de manera distinta de cómo se ha hecho si así se hubiese querido o elegido. Ello significa que se tiene una libertad de decisión y de acción que escapa a toda determinación causal.
Existe una postura intermedia, una posición que deja al margen los extremos y que mas allá de postulados incompatibles entre libertad y causa, concilia a ambas, es decir, se reconoce que la conducta del hombre se encuentra determinada, pero que dicha determinación, más que impedir la libertad, es la condición necesaria para ella. Esta última postura distingue entre determinismo universal, el cual reconoce y acepta, y determinismo absoluto, el cual objeta, dado que niega la libertad humana, la cual presupone la existencia de varias formas posibles de comportamiento y la posibilidad de decidir libremente entre cualesquiera de ellas.
Pues bien, es con esta última posición, sin duda, con la que más identificado me encuentro. Mi opinión es que el hombre nace libre y está capacitado para elegir libremente, esto es cierto. Sin embargo, como ser social que es, ve culturalmente delimitada su toma de decisiones.
Que es libre, quizás no pueda ser demostrado más que por la propia evidencia de que lo es, por el propio acto de pensar y la innata capacidad que cada uno de nosotros posee para elegir entre posibles alternativas diferenciadas. Y como bien se habla en la espistemología actaul: la evidencia no necesita ser demostrada.
Que está culturalmente delimitado se demuestra en la manera que nos es inherente a la hora de tomar una decisión determinada: El tomar una decisión supone escoger de entre todas las alternativas posibles aquella que más nos interese o que más adecuada nos parezca para la ocasión. La limitación cultural se demuestra si tenemos en cuenta que para poder elegir una opción previamente hemos de conocerla. El marco cultural nos dota de la posibilidad de acceder a un número determinado de conocimientos, a la vez que nos impide llegar a otro número determinado de ellos. Aun cuando el ser humano sigue siendo libre para elegir, solo podrá elegir entre aquellas alternativas que conozca y se le planteen como tales. En la teoría siempre podremos hacer otra cosa distinta a la solución que tomemos ante una duda concreta, pero solo podremos hacerla, en la práctica, en caso de conocerla. No conocer una alternativa no implica su no existencia, tan solo implica su no posibilidad de realización por parte del sujeto que la desconoce. Si alguien me plantea una pregunta y me da mil respuestas distintas entre las que poder optar, pero ninguna de ellas la respuesta acertada, haga lo que haga, tome la decisión que tome, siempre estaré cometiendo un error. Esto no implica que no exista la posibilidad real de aportar la solución acertada, lo que conlleva es que ante mi desconocimiento, soy libre para elegir, pero estoy causalmente determinado a equivocarme.
Si llevamos este razonamiento del campo de la elección pura y dura, al campo de su aplicación práctica en el comportamiento humano, viene a demostrar que un hombre siempre puede optar por actuar de manera distinta a la actitud tomada en un determinado momento, pero que simultáneamente se ve condicionado por ciertas causas culturales que nacen de sus propios conocimientos, o, más concretamente, de su ignorancia. Para poder elegir con total libertad, el sujeto en cuestión debería partir de un conocimiento cero o un conocimiento absoluto, y esto, evidentemente, es imposible.
Por eso dijimos antes que la vida no es más que un continuo instante de dos caras, una eterna duda y una eterna toma de resoluciones. Somos libres porque dudamos y ante tal duda estamos capacitados para elegir. En todo momento, ante toda situación, a lo largo de toda nuestra vida consciente, nos vemos en un proceso constante de pensamiento que implica una duda y una toma de posición. Cuando me levanto y voy al cuarto de baño en lugar de hacer cualquier otra cosa, cuando salgo a la calle y voy sentarme al banco del parque en vez de ir al banco a sacar dinero, cuando me acuesto a una hora determinada en lugar de hacerlo unos segundos más tarde, en todo momento, aun sin saberlo, estoy tomando una decisión libre que se contrapone a otras que también podría tomar o estar tomando en ese mismo momento. No hace falta ser consciente de una duda para tomar una decisión. No hace falta que yo me pregunte qué quiero hacer nada más levantarme, para ir al cuarto de baño en lugar de irme al salón a ver la televisión, la toma de resoluciones simplemente esta ahí, reside en la capacidad de poder hacer varias cosas en un mismo momento, y tener que optar por una de ellas. Solo cuando morimos dejamos de dudar y tomar resoluciones. La existencia consciente, el estar despierto, implica el uso de los sentidos, el ver, el oír, el tocar, el oler y el saborear. Pero, ¿por qué tengo los ojos abiertos en lugar de mantenerlos voluntariamente cerrados?, ¿por qué oigo el ruido del mundo en lugar de tapar mis oídos con unos tapones? Aun cuando vemos, cuando oímos, es decir cuando usamos nuestros sentidos más básicos, estamos siendo presos de una elección. Opto por ver, y no por cerrar los ojos y no ver, aunque también podría hacerlo. Opto por oír y no por taponar mis oídos y no oír, aunque también podría hacerlo. Por tanto, opto, tomo una decisión libre y voluntaria. En todo momento opto.
La duda es, en última instancia, el elemento más característico y propio del intelecto humano. Sin duda no hay razón, sin razón no hay libertad. La duda es el origen de la libertad, así como también la madre de la responsabilidad. Soy libre porque puedo dudar, y soy responsable porque soy libre. Uno solo deja de ser parcialmente responsable de sus acciones cuando ve cohibida su libertad por fuerzas externas a su propia subjetividad que le limitan y le condicionan las opciones de su elección, es decir cuando es victima de una imposición externa. Volviendo al ejemplo anterior de la pregunta con mil respuestas erróneas dadas, el sujeto que responde dejaría de ser parcialmente responsable de su error, pues este ya le viene dado desde una imposición exterior que no le permitió optar por la respuesta verdadera. Pero ni aun así deja de ser libre y potencialmente capacitado para dudar. En última instancia el ser humano siempre es libre de tomar una decisión diferente a la que esta tomando en un momento determinado, por mucho que esa otra opción implique un daño para con su propia persona o incluso la muerte. Si alguien me pone una pistola en la cabeza y me dice: “dame el dinero o te mato”, lo más lógico es que le de todo cuanto tenga por seguridad, sin embargo, aun cuando esto pueda tener unos efectos muy negativos para con mi propia vida, siempre tengo la opción de optar por la alternativa opuesta, es decir, por no darle el dinero. Esto vuelve a demostrar cuan determinada esta nuestra elección por causas externas a la decisión en sí misma. También demuestra que la opción de aplicar la duda siempre esta ahí, que no dejará de acompañarnos hasta el fin de nuestra existencia, hasta el día de nuestra muerte. Pero, ¿de dónde proviene esta duda que nos permite elegir y nos hace libres?
La respuesta la podemos encontrar en este mismo libro, concretamente en el capítulo sexto. En él se afirma que la duda es la cualidad existencial que permite al hombre la formación y funcionamiento del pensamiento racional. Su acción se refleja a través de la capacidad que tiene el ser humano para elegir entre diversas ideas contradictorias. Es la fuente de la que bebe la razón, permitiéndole la formación de la mente, y en última instancia es el elemento característico por excelencia del ser humano. En ella nos basamos para alcanzar respuestas, realizar juicios y emitir razonamientos. Allí se dice también algo que ahora cobra todo su significado: La duda es la característica existencial que dota al hombre de libertad.
La duda permite al hombre volver a replantearse los juicios emitidos en el pasado, aunque dichos juicios hubieran tenido un resultado favorable, algo que nos diferencia por igual del resto de animales existentes sobre la faz de la tierra (ya saben....el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra). La duda tiene una procedencia divina, por tanto, nuestra libertad es fruto de la acción de “la mente originaria”. Para justificar esta procedencia divina se decía que tan solo tenemos que analizar detalladamente sus propias características existenciales. La existencia de la duda no ha podido ser algo que nazca en el exterior del ser humano, pues el exterior no duda, el exterior acepta la realidad tal y como la ve o la siente (un perro, un árbol o un planeta no se cuestionan si lo que les rodea es real o no). Por tanto, del exterior no es posible que el ser humano halla podido adquirir su capacidad de duda. El interior, el pensamiento, su formación y funcionamiento esta totalmente vinculado a la existencia de la duda que lo domina y dirige, permitiendo su aparición y normal funcionamiento, pues sin la existencia de la duda sería imposible la aparición del pensamiento racional característico de nuestra especie. Consecuentemente, la duda es una capacidad del ser humano que tampoco puede haber nacido en su interior, ya que es la propia duda la que permite la aparición del mundo interior, pues sin la existencia de esta no se podría formar el pensamiento, de igual forma que le ocurre al resto de los elemento de los que se compone el universo conocido que carecen de la misma, y por ende de inexistencia de pensamiento. Por tanto, la duda es una capacidad innata del ser humano, que algo debe de haber puesto ahí, en su naturaleza existencial pues es imposible pueda haber provenido del exterior o nacido en nuestro interior. Ese algo no puede ser otra cosa sino DIOS creador, y esto es así, pues la duda es un reflejo directo en nuestra esencia individualizada de la contradicción existente entre las ideas falsas(mundo psíquico) y las ideas verdaderas(universo físico) que en un primer momento produjo la descomposición de la mente originaria, y ,por ende, el inicio del ciclo eterno del universo, para con el que la existencia libre del hombre viene a ser una necesidad. Somos libres porque dudamos y dudamos porque existe una necesidad metafísica existencial en el universo de que seamos libres. Solo desde nuestra libertad podemos formar nuestros pensamientos, y solo desde nuestra libertad cumplimos nuestra responsabilidad para con “la mente originaria”.
Y como somos libres, somos también responsables de nuestras acciones. Tanto de las que llevamos a cabo, como de las que dejamos de hacer. Como ya he dicho, nuestra libertad se ve condicionada por nuestro entorno cultural y nuestro conocimiento, pero evidentemente se ve también condicionada por nuestro propio cuerpo biológico. ¿Puede un ciego optar por ver o no ver aquello que le rodea?. Rotundamente No. Por tanto, ante el acto de procesar información sensorial, el hombre no es libre si esta desprovisto de sus capacidades biológicas. Pero, al margen de estas imposiciones biológicas, que delimitan nuestra capacidad real para poder llevar acabo una acción distinta a la que en un momento determinado estamos llevando a cabo (entendiendo el no ver como una acción en sí misma y no como una negación de la acción de ver, pues el que ve sí tiene la posibilidad de llevar a cabo la acción de no ver simplemente con cerrar los ojos), el hombre, aun cuando no deja de ser libre, es esclavo de sus necesidades, tanto las biológicas como las sociales. Las necesidades limitan más que ninguna otra cosa la libertad del hombre. Si queremos sobrevivir hemos de satisfacer nuestras necesidades básicas(comer, beber, etc.), aun cuando podríamos optar por no satisfacerlas y morir (quien realiza una huelga de hambre, por ejemplo), pero nuestra elección esta sujeta a un instinto de supervivencia que cohíbe nuestra libertad real. Además todas nuestras decisiones sociales están condicionadas por nuestras necesidades como seres sociales. Vivimos siempre pendientes de la satisfacción de estas, y nos movemos en la vida impulsados por el efecto que estas tienen en nuestra conciencia. Hacemos determinadas cosas, y no otras, buscando la satisfacción de nuestras necesidades como miembros de la sociedad, y es la propia sociedad la que nos marca el camino que debemos seguir si queremos satisfacerlas de manera adecuada. En definitiva, somos seres sociales y como tales, estamos delimitados por las necesidades sociales que nos vienen impuestas en la cultura y la socialización que aprendemos en nuestro proceso de desarrollo psicológico. Por tanto, podemos decir, a modo de resumen y sin miedo a equivocarnos, que somos libres para elegir, libres para decidir, pero somos esclavos de nosotros mismos: esclavos de nuestras necesidades, de nuestro conocimiento y de nuestro desarrollo psicológico.
(Extraido de mi segundo libro: "Análisis de la realidad y el sentido de la existencia humana")
Pedro Antonio Honrubia Hurtado

José Miguel dijo
Esto me va a servir para la clase de filosofia de mañana
Muchas gracias!!
19 Mayo 2008 | 07:14 PM