Publicidad:
La Coctelera

honrubia

Categoría: Política

7 Octubre 2006

¿Nos está el Papa vendiendo religión en sus discursos teológicos?

Aunque ya han pasado algunas semanas desde que Benedicto XVI realizase sus polémicas declaraciones referidas a la relación establecida entre el Islam y la violencia, las repercusiones políticas y sociales de aquel hecho aún siguen coleando con fuerza, sobre todo a nivel de las relaciones interreligiosas en el interior de nuestras propias sociedades occidentales. Si la famosa caricatura de Mahoma ya sirviera en su momento para abrir, a modo de confrontación, una brecha política y social entre los valores del mundo musulmán y los valores propios de nuestra civilización occidental, las palabras del Papa han vuelto a reincidir en el daño causado por aquellos sucesos, agrandando, aparentemente, la dificultad para el entendimiento cultural entre unos y otros.

De poco han servido las posteriores explicaciones del Papa matizando el verdadero sentido de sus palabras, las disculpas pedidas por la posible ofensa ocasionada a la comunidad islámica o el llamamiento al diálogo interreligioso recientemente reclamado. El mensaje ya estaba emitido y, aunque no fuera ésta la intención del sumo pontífice, la confrontación entre las diferentes mentalidades de los receptores era ya un hecho evidente. Tanto en el mundo musulmán como en nuestras sociedades, políticos y periodistas, ciudadanos y clérigos, se volcaron en una campaña de ataques y defensas, réplicas y contra réplicas a las palabras del Papa, que recordaron a los peores momentos de la crisis de las caricaturas, reincidiendo, por tanto, en la idea de una confrontación de civilizaciones tan vitoreada por los radicales políticos y religiosos de uno y otro lado.

Sinceramente, resulta difícil creer que Benedicto XVI no hubiera previsto todo estos acontecimientos mientras elaboraba su discurso con total libertad y tranquilidad, ya que hasta el más inepto de los analistas políticos y religiosos podría hacerlo. En un escenario como el que tenemos en la actualidad en el mundo, cualquier mensaje de una autoridad representativa del mundo occidental sobre el Islam, ya sea política o religiosa, se sabe sobradamente que será analizado con lupa por los integrantes de aquella comunidad religiosa, lo cual implica que, sin abandonar nunca el sacro santo principio de la libertad de expresión, se han de medir mucho las palabras dichas sobre este tema si no se quiere generar un conflicto cultural y religioso del tipo del que hemos presenciado. Máxime si quien pronuncia esas palabras es la cabeza visible de la iglesia católica, a quien se le presupone una mesura y un afán de concordia que no tendría porqué darse en otro tipo de líderes de nuestra sociedad. Sin embargo, en esta ocasión, en contra de lo que resultaría lógico desde una perspectiva puramente teológica, ha sido el propio Papa quien, queriéndolo o no, ha azuzado el fuego de la confrontación interreligiosa, lo cual me induce a pensar que tras las declaraciones del Papa había algún otro tipo de intención que va más allá de lo estrictamente religioso.

En este artículo, no entraré a valorar los argumentos dados por el Papa en su discurso, ni haré, como tantos han hecho ya estas semanas atrás, una comparación entre el catolicismo y el Islam en lo que se refiere a los temas tratados por el Santo Padre en su argumentación en Alemania. Sin embargo, como no creo que tal mensaje haya sido lanzado inocentemente por Benedicto XVI sin haber pensado previamente en sus posibles consecuencias, creo necesario reflexionar sobre, precisamente, las consecuencias de sus palabras. Además, como tampoco creo que el Papa haya lanzado su mensaje sin ninguna finalidad, lo analizaré igualmente, cual agente de seguros que investiga un suceso, desde la perspectiva del posible beneficio que tales argumentos, así como sus posteriores consecuencias, han podido tener para la institución representada por el Santo Padre. Para ello qué mejor perspectiva que enmarcar el discurso del Papa en lo que diversos autores del siglo pasado han denominado como “economía religiosa” (Stark 1985) o “mercado religioso”. Esto quiere decir que en occidente, desde que la religión dejó de ser un elemento integrado en la esfera de lo público para convertirse en un componente de lo privado, las alternativas religiosas se han convertido en un verdadero producto de mercado, al cual han de llegar los potenciales clientes a través de sí mismos o del encuentro con los demás. Ya no existe una única religión ligada al estado que tenga el monopolio exclusivo en temas morales y la capacidad exclusiva -amparada por ley- de llegar a los sujetos de nuestras sociedades, si no que, desde su estricta libertad, es el sujeto quien escoge, reflexivamente o no, a cual religión abrazarse de entre las múltiples posibilidades que se le plantean a su alrededor, entre ellas la propia irreligiosidad. Esta situación se presenta en todo el mundo occidental, aunque es en los Estados Unidos donde se puede ver con mayor claridad, debido a la enorme cantidad de sectas y movimientos religiosos alternativos que funcionan en el interior de sus fronteras, algunas de ellas con una creciente importancia social tanto en el número de seguidores como en su implantación entre la comunidad en general. Es a esta situación de competitividad interreligiosa a lo que los autores contemporáneos han llamado “mercado religioso”, y es en esta situación, bajo este paradigma actual, donde debemos enmarcar las palabras de Benedicto XVI.

Sin duda, entrando ya en el análisis de las consecuencias de las palabras del Papa, aunque ha sido Benedicto XVI quien inició el enfrentamiento, ante los ojos del mundo occidental han vuelto a ser los musulmanes, con sus violentas formas, quienes se han llevado la peor parte en la sentencia popular del juicio. Una vez más miles de musulmanes de todo el mundo han salido a las calles para protestar violentamente por algo que en occidente “jamás” causaría semejante reacción, quemando banderas de nuestros estados “democráticos”, simulando la ejecución pública del Papa y amenazando con exterminar nuestra cultura en el nombre de Alá grande y todo poderoso. Frente a esta reacción, la iglesia católica, en un ejercicio de cinismo evidente, ha manejado un discurso mucho más moderado, con constantes llamamientos a la concordia y continuos argumentos sobre la irracionalidad de usar la violencia en nombre de Dios. De hecho, el propio discurso de Benedicto XVI que origina todo el conflicto es un llamamiento al abandono del uso de la violencia en nombre de Dios. Así pues, frente a la radicalidad del islamismo y los musulmanes, se nos hace llegar la idea de un catolicismo moderado y conciliador, amante de la paz y alejado de toda radicalidad religiosa. Un producto, sin duda, bastante atractivo para los potenciales clientes que andan perdidos sin rumbo decidido en el mercado de lo religioso que es nuestra actual civilización occidental.

Y es que la iglesia católica es cada vez más consciente de que el “mercado religioso”, la “economía religiosa”, llegará el momento en que deje de ser un concepto filosófico para convertirse en una absoluta realidad. Con el alejamiento entre iglesia y estado, así como por las presiones cada vez mayores del laicismo extremista, la financiación de la institución católica dependerá cada vez más de las aportaciones de sus propios miembros, y cada vez menos de las subvenciones y las ayudas públicas, hasta llegar a un punto en que sean exclusivamente sus propios integrantes quienes la sustenten. En este panorama cada miembro de la iglesia no solo es un devoto, si no que, además, es un cliente. Un cliente que paga a voluntad por un servicio espiritual y social que no siempre se corresponde con lo expuesto en el manual de calidad de la “empresa” que lo vende, pero un cliente al fin y al cabo. Así, desde esta perspectiva puramente mercantil, todos los esfuerzos que la iglesia haga para promocionarse entre los miembros de la sociedad occidental como un producto atractivo y de calidad serán recompensados en su balanza de cuentas en un futuro. De momento, en su campaña publicitaria ya ha conseguido que, en comparación con ella misma y a pesar de los pesares históricos, la gran mayoría de los ciudadanos occidentales veamos al Islam como una religión extremista y radicalizada, consecuentemente, como una alternativa poco atractiva para el consumidor religioso en general y que cuenta cada vez más con un creciente rechazo social entre los integrantes de la comunidad occidental. Además, sin duda, también influenciados por las campañas eclesiásticas y mediáticas, la imagen que de las sectas se tiene no hace falta si quiera explicarla ya que todo el mundo sabe sobradamente el contenido de negatividad que esta palabra contiene. Si a todo esto le sumamos que a las religiones orientales se las tacha de exóticas y se las ridiculiza continuamente en los medios de comunicación, especialmente en los medios católicos, nos da como resultado una revitalización mercantil del catolicismo que hace que nuestra sociedad occidental vuelva nuevamente su mirada hacia el Vaticano, tal vez como no lo había hecho desde hace varios siglos. Y todo esto a pesar de que en agosto del año 2005, en una conferencia en Colonia que cerraba las Jornadas Mundiales de la Juventud, fuera el propio Benedicto XVI quien criticase el uso mercantil que actualmente se hace de las religiones en Europa y pidiera a los jóvenes que no se hicieran una “religión a la carta”.

Pero la realidad es tozuda y el reciente acuerdo de financiación alcanzado entre el estado español y la iglesia así lo demuestra. De momento la iglesia española ya se ha preparado una campaña de concienciación social para que los ciudadanos, católicos y no católicos, creyentes y no creyentes, marquen con una X en su próxima declaración de la renta la casilla donde se ha de indicar que una parte de sus impuestos vaya a parar a los dominios de la Santa casa. Un gesto donde los fines económicos y publicitarios son evidentes. Vista esta manera de actuar de la iglesia española absolutamente mercantil, ¿Quién nos puede asegurar que las palabras de Ratzinger en la Universidad alemana de Ratisbona no hayan sido más que una campaña de publicidad a gran escala para vender al mundo el catolicismo como un producto religioso seguro y fiable por el que los seres humanos, en especial los occidentales, hemos de apostar en caso de dubitación espiritual, con el lógico coste que, antes o después, la compra de un producto de este tipo representa?

Pedro Antonio Honrubia Hurtado

servido por honrubia sin comentarios compártelo

8 Septiembre 2006

LA BANDERA BLANCA Y VERDE

Texto extraído de la carta de contestación de Blas Infante a Pedro Demófilo Gañan escritor, colaborador y miembro del Centro Andaluz en Cataluña, recogido por Manuel Ruiz Lagos y publicado por la Fundación Blas Infante "Blas Infante Antología de Textos". Capitulo nº 9, aparecido por primera vez en la Revista "Andalucía" nº 173, Córdoba, 31-12-1919

Escribe Blas Infante: " .... En el himno "Blanca y Verde", del fervoroso nacionalista Doctor Tomás Orellana, pleno de sagrada inspiración andalucista, se dice bellamente:

La Bandera andaluza por la brisa agitada,
desde lejos parece un limonero en flor.
una clásica reja de jazmines orlada,

que promete el misterio de una noche de amor.
De paz y de esperanza son sus bellos colores,
poéticos emblemas de algún Abderramán,

que evocan el pasado de grandeza y honores,
que debe Andalucía al tiempo musulmán.
Condena de un presente de duelo y amargura
donde la raza sufre la pena de vivir,
promesa de un mañana de paz y de cultura,

espera de un grandioso, risueño porvenir.

¡Levanta, Andalucía, tu bandera de gloria,

con los bellos colores del limonero en flor,

al airón que condujo de victoria en victoria

la valerosa hueste del hagib Almanzor!...

No puede sintetizarse con más belleza ni en menos estrofas, la justificación de los colores de nuestra bandera.

Fueron los colores preferidos por nuestros padres, aquellos gloriosos factores de la libre Andalucía, cuya civilización fecunda tuviera por nervio el anhelo de una suprema esperanza de triunfante y riente Eternidad, entrevista al mirar la última Finalidad del vivir, a través de esa perenne sonrisa azul que es nuestro patrio cielo. ¡Esa Esperanza que, consustancial con las más íntimas raigambres de la subconsciencia andaluza, ha perdurado siempre latente, iluminando con un gesto optimista, a veces de bufón trágico, los sombríos duelos de nuestra historia de cristiana opresión!

Verde es la vestidura de nuestras sierras y campiñas prendida por los broches de las campesinas habitaciones blancas; limoneros en flor son los árboles preferidos por los andaluces y blancas son nuestras villas y antiguas ciudades de blancos caseríos con verdes rejerías orladas de jazmines. Pura y blanca, como un niño, es la Andalucía renaciente que en nuestro regazo se calienta. Y es aquella esperanza por siempre reverdecida y ya conscientemente sentida y definida por los nacionalistas andaluces, la que aspira a ser realizada por la encarnación de nuestro verbo en la Andalucía triunfante y potente, a la cual un superior anhelo hubo de ordenar todos nuestros amores.

La bandera blanca y verde, enseña de esa pureza y de esta esperanza, despierta ya, por ser enseña de una Religión Superior que a la Creación de la vida anima a los luchadores, místicos fervores, los cuales, durante las últimas persecuciones, principalmente en Córdoba, vinieron a consagrarla con el resplandor del martirio. Los andalucistas la enarbolaban, repitiendo las palabras del citado himno:


Despierta, Andalucía. Levántate, Sultana,

recobra nuevamente tu Personalidad

y vuelve de tu suelo a ser la Soberana,
al grito sacrosanto de Tierra y Libertad...

De desear es que sobre la pira de mártires andaluces, amontonados por la miseria y la tiranía política y espiritual que infligiera la dominación española durante el último lustro de siglos, caigan pronto andaluces conscientes, abrazados en el instante de la agonía a la bandera verde y blanca. De desear es que sus franjas de divinos colores sean pronto salpicadas de manchas rojizas, conveniente es que la sangre de los sacrificados, por Andalucía, venga a poner en nuestra bandera el color de rojo fuego, que prenda en los venideros conductores de Andalucía y en el corazón de los luchadores actuales, un incendio de pasiones ardientes y heroicas por esta patria adorable, la única cuyo concepto tendrá razón de existencia después de la transformación que ya conmueve en sus vetustos sillares los valores morales y políticos de una humanidad imbécil y anti-humana y de una Sociedad antisociable, porque en los dogmas básicos empieza por concebir al hombre como disociado de las demás fuerzas de la Vida ..... "

servido por honrubia sin comentarios compártelo

18 Agosto 2006

La razón democrática y el proceso de paz en Euskadi

A la vista que el comunicado de hoy de ETA ha puesto al proceso de paz en Euskady en una situación comprometida, quisiera rescatar del olvido un artículo que escribí a los poco días de la declalración del alto el fuego de ETA, y que ahora he considerado necesario volver a compartirlo con todos ustedes, pues en la situación actual vuelve a recobrar toda su significación política:

La razón democrática y el proceso de paz en Euskadi (24-03-06)

Estos días, el estado entero vive revolucionado por el anuncio de ETA de un alto el fuego permanente. Una noticia, no por esperada, menos satisfactoria para quienes creemos posible un proceso de paz en el País Vasco que nos conduzca, de una vez y para siempre, a un escenario donde las ideas y los votos se impongan a la coacción, el chantaje, la violencia y el totalitarismo. Sería imperdonable que el gobierno del estado no explore hasta el último de los caminos -democráticamente aceptable- para conseguirlo. Como sería imperdonable un nuevo engaño de la banda armada.

ETA es conocedora del grado de credibilidad que actualmente tiene de cara a la opinión pública estatal, es decir, ninguna. También sabe, que difícilmente encontrará un mejor panorama para dar una salida dialogada a su situación, puesto que el actual presidente del estado –y esto no es ninguna defensa de la política de Zapatero- ha demostrado un talante que da pie a pensar en ello, ya que no parece ser de los que se asuste ante los grandes retos políticos, ni de los que anteponga su gloria personal a las necesidades lógicas de los tiempos políticos. Por eso, me atrevo a afirmar que esta vez la decisión de la banda terrorista va más allá de una mera jugada estratégica, aunque los acontecimientos del pasado nos den motivos sobrados para pensar lo contrario. La ilusión que ha desatado la decisión de los terroristas entre amplias capas de los ciudadanos del estado –incluida una inmensa mayoría de la izquierda abertzale- debería constituir una presión insostenible para la propia banda, pues de volver a retomar las armas, su aislamiento social, internacional y político, incluso entre quienes en un pasado los hubieran podido mirar con condescendencia, sería el mayor problema que una organización de este tipo pueda tener. Según se ha podido saber en las últimas horas, en los contactos previos a la declaración del alto el fuego han intervenido destacados personajes del proceso de pacificación del Ulster, lo cual es verdaderamente sintomático si tenemos en cuenta como se desarrollaron los hechos en esta región europea. La experiencia que este tipo de gente puede aportar al proceso, es, sin duda, uno de los mayores síntomas de esperanza que debemos destacar de la información que hemos conocido hasta el momento. La vinculación que ETA ha tenido históricamente con los nacionalistas irlandeses, ha sido siempre uno de los mayores apoyos internacionales de la banda, lo cual me induce a pensar que la influencia de los mediadores irlandeses ha sido una de las claves en la declaración del alto el fuego. Si esto fuera así –y hay sobrados motivos para pensar que lo es-, probablemente estemos asistiendo a un momento histórico, una situación similar al alto el fuego declarado por el IRA en 1994 y que acabó por permitir el desarrollo de los famosos acuerdos de Viernes Santo. Pero de momento, todo lo que debemos hacer es mantener viva la llama de la ilusión y esperar a ver como se desarrollan los acontecimientos.

No tardaremos mucho en darnos cuenta hasta que punto ETA se encuentra comprometida con sus –supuestos- deseos de iniciar un verdadero proceso de paz. Que nadie se engañe, si el alto el fuego se limita a la no realización de atentados mientras ETA y su entorno más radical siguen con el resto de su amplia gama de actividades delictivas –kale borroka, impuesto revolucionario, amenazas, etc.-, en menos de dos años volveremos a estar hablando de una tregua trampa. Confiemos, pues, en que el alto el fuego se extienda a todas las actividades delictivas del entramado terrorista, algo que sería la muestra más evidente del compromiso político de quienes durante más de cuarenta años han utilizado el asesinato como arma para la consecución de sus objetivos. Si realmente esto sucediera así, más que probablemente estaríamos hablando del primer paso hacia el momento en que los miembros de ETA lean, sin mascara, el comunicado definitivo: aquel que hable de la entrega de las armas y la disolución de la organización. Sin embargo, y tomando como un supuesto la disposición real de la banda a negociar, sería iluso pensar que se pueda llegar a esta situación sin que el compromiso sea recíproco por parte del gobierno. Sin pagar precio político alguno, existen una serie de medidas que obligatoriamente el gobierno ha de afrontar para llevar a buen puerto las negociaciones: la legalización de Batasuna, el fin de la dispersión de los presos y la apertura de una mesa de partidos donde el problema político vasco se afronte democráticamente. Cualquier negativa del gobierno a negociar sobre alguna de estas cuestiones supondría una ruptura segura del proceso, una ruptura a la que, previa acusación de responsabilidad al gobierno, los terroristas sacarían un beneficio mediático que los realzaría hasta niveles de credibilidad y aceptación similares a los tiempos del asesinato de Carrero Blanco. Algo que solo quienes sacan provecho político de la existencia de ETA podrían celebrar.

Pero la situación va más allá. Todos sabemos que la autodeterminación es la principal reclamación de la banda terrorista y su entorno. El señor Zapatero ha asegurado que jamás otorgara tal derecho al pueblo vasco, algo de lo que, imagino, ETA ha debido tomar buena nota. Descartando que en la mesa de partidos se pueda tratar este tema –pensar lo contrario sería ingenuo-, lo que parece evidente es que se debe negociar un marco político donde todas las ideas que respeten los derechos y libertades de los ciudadanos tengan derecho a ser expresadas, y, lo que es verdaderamente importante, potencialmente realizables. La democracia, por definición, no es solo un sistema político donde todas las opiniones se puedan defender libremente – a eso se le llama libertad de expresión- si no un sistema donde todas ellas sean potencialmente realizables y puestas en práctica. Teniendo en cuenta esto –supongo que nadie que se considere demócrata podrá estar en desacuerdo con ello- una cosa parece evidente: la constitución española ha de ser reformada. Sin entrar en matices legales más profundos, hay al menos una parte de la constitución que no puede ser compatible con esta visión de la democracia, es decir, aquella parte donde se habla de la indisolubilidad del estado español. Un estado que es indisoluble por principio, no permite la realización de proyectos políticos independentistas, con lo cual, todos los derechos que dentro de ese estado poseen quienes así se sientan, es la libertad para expresar su opinión, pero jamás la posibilidad real de transformarla en un hecho político consumado. Un estado que se organice de esta manera, que ancle su integridad territorial sobre esta vía, no puede ser jamás un estado verdaderamente democrático, todo lo contrario, es un estado nacionalista y totalitario. Por supuesto que el estado está en su derecho de protegerse legalmente contra proyectos políticos que traten de escindir alguno de sus entes territoriales, pero nunca desde el totalitarismo. La constitución española puede hablar de soberanía nacional, determinar que el único sujeto político dotado de su derecho a la autodeterminación es el pueblo español en su conjunto –lo cual implicaría la aprobación mayoritaria de sus ciudadanos para el consentimiento de la independencia de una parte-, pero no es aceptable que hable de la indisolubilidad del estado.

Algunos dirán que aceptar que el estado español es potencialmente disoluble es el principio del fin de España como nación, otros dirán que es el puente hacia el reconocimiento del derecho a la autodeterminación a los nacionalistas periféricos, y todos ellos pudieran tener su parte de razón, pero el miedo a la ruptura de España nunca puede estar por encima de la razón democrática. Y la razón democrática nos dice que la democracia es libertad, y la libertad es el verdadero derecho irrenunciable de todos y cada uno de los ciudadanos del estado, incluidos los que, como yo, somos independentistas.

Pedro Antonio Honrubia Hurtado

servido por honrubia sin comentarios compártelo

18 Agosto 2006

ANTE EL NUEVO COMUNICADO DE ETA Y SUS AMENAZAS

Hoy, cinco meses después del alto el fuego de ETA, los ciudadanos del estado español nos hemos levantado nuevamente con un comunicado de la organización terrorista amenanzando con retomar la lucha armada si no se aceptan sus exigencias políticas. Ante tal hecho, y a la vista de que yo mismo soy un ferviente defensor de la negociación del gobierno con los terroristas, así como de la apertura de una mesa de negociación política para profundizar en el marco democrático de Euskal Herría, quisiera exponer mi opinión sobre la actitud de ETA por si alguno de mis lectores tuviera aun alguna duda de cual es mi posición ante la violencia:

Señores de ETA y demás miembros de la izquierda abertzale más radical, señores de la extrema derecha española: Hay que estar muy enfermo para creer que la muerte, la tortura, la extorsión y la amenaza son actitudes justificables en nombre de la patria. Muy enfermo y muy perdido, además de sentir una soledad interior sumamente castigadora que al final es lo que determina que se piense así, igual que aquellos que se apuntaron a la SS o la división azul para magnificar a su patria frente al enemigo. De verdad que, como ser humano, me duele entrar en algunos foros y webs de internet y leer los argumentos que se dan para la justificación del uso de la violencia por cuestiones políticas, bien sea para justficar el terrorismo de ETA, bien para justificar la violencia del estado o la petición del recurso al asesinato de estado para combatir al terrorismo. Todas estos argumentos de uno y otro bando, no hacen si no refeljar la condición más vil, ruín, nefasta y cobarde de la humanidad, y realmente son dolorosas de leer para quienes creemos en un ser humano libre y amante de la libertad y la paz. No importa en nombre de que patria o de que religión o de que ideal se hable en semejantes términos de exaltación de la violencia y la represión, al final el fanatismo solo tiene una cara y esta cara es y será siempre lo mismo por mucho que se le quiera revestir de justificaciones y argumentos. Todos los fanáticos soys iguales, no importa la nación, el credo o la ideología que defendais, soys iguales.

De verdad, pobres fanáticos que piensan que para luchar por unas ideas es necesario matar, torturar, esclavizar. Pobres ignorantes temorosos de vuestra condición de mediocres, de olvidados de la historia del hoy y del mañana. Pobres seres humanos que reniegan de su condición de seres de paz y de amor, y la venden para ver lleno el vacio interior que sufren puesto en manos de una nación, una religión o una ideológia política.

Por último, antes de terminar, me quedaré con la letra de una canción de uno de los mejores grupos de rock vascos que hayan existido nunca -La Poya Record-, que habla así: UN PATRIOTA, UN IDIOTA.

Y lo dice un independentista andaluz, que, como bien dijera Blas Infante, antes que andaluz es humano.

servido por honrubia sin comentarios compártelo

17 Agosto 2006

Periodismo pepero

Lean los siguientes titulares de portada del 15 de agosto:

ABC: "La NASA muestra que el fuego ya ha devorado 175.000 hectáreas en Galicia"
La Razón: "La NASA desvela los datos que oculta la Xunta: más de 175.000 hectáreas quemadas"
El Mundo: "El PP denuncia que se ha quemado el `triple de hectáreas´de lo que admite la Xunta"
El País: "El PP estima en 175.000 las hectáreas arrasadas, y la Xunta las rebaja a la mitad"

Pues la NASA no es la NASA, ya que esta agencia no ha presentado ningún informe especial sobre los incendios en Galicia. Los datos salen de la página web mapasnet.com, cuyo responsable dice que realizó los cálculos a partir de "las fotos del servicio de la NASA Rapid Fire". ¿Y qué es mapasnet.com? Pues una web que pertenece a la empresa Infocarto, dedicada a la cartografía y cuyo director es Antonio Yagüe, quien en las elecciones autonómicas madrileñas de 2003 se presentó en la candidatura del partido ultraderechista Familia y Vida. Garantía de imparcialidad, vamos. Puedo imaginar perfectamente cómo hizo los cálculos.

El único periódico que informaba sobre el tal Yagüe era El País; para los otros tres diarios no es al parecer relevante explicar quién es el señor que hizo los cálculos difundidos por el PP. ¿Qué curioso, verdad? ¿Por qué se le olvida siempre a estos chicos de la derecha explicar de dónde sacan a sus expertos? La respuesta es sencilla: para engañar a los ciudadanos. Porque no es exactamente los mismo la NASA que la calculadora de un señor de Familia y Vida.

-> http://periodismoincendiario.blogspot.com/

La derecha española en su línea, hay cosas que no cambian nunca.

servido por honrubia 1 comentario compártelo

15 Agosto 2006

VENCER EL MIEDO

Aun recuerdo aquella habitación de mi casa en la que no me atreví a pasar hasta bien entrado en la infancia tardía. Mi madre solía decirme que no cruzará la puerta que la separaba del resto de la casa, pues dentro no encontraría más que ratas, arañas y hasta era posible que algún fantasma. Yo, pobre de mí, siempre la creí y solo de pensar en lo que podría hallar detrás de aquella puerta mi cuerpo se extremecía de terror. Hasta que un día, aburrido y desafiante, decidí introducirme en aquel misterioso lugar. Cual fue mi sorpresa al poder comprobar que allí, lejos de encontrar ratas y arañas, lo que mi madre escondía eran todos los jugetes que con el paso de lo años me fue quitando contra mi voluntad, y con los que solo me dejaba jugar de vez en cuando tras una de mis continuas pataletas. Si, allí estaban los balones de futbol, el scalextrix y hasta mi "amada" video consola con todos sus juegos. Por eso mi madre no quería que entrara dentro, ella era perfectamente consciente de que si traspasaba aquella puerta su control sobre mi tiempo de ocio seria limitado, ya que, a partir de ese momento, podría usar todos aquellos elementos cuando y como quisiera, sin necesidad de que fuera ella la que me los racionalizara a su gusto. Pero entré, crucé la puerta, y aquel día me sentí libre como nunca.

Hoy, casi 20 años despues de aquella anecdota, siento que en el estado español se vive una situación similar a la que yo viví en mi casa, y por ello, quisiera aprovechar el momento para lanzar un mensaje a todos los ciudadanos de este estado, para que, basandome en las conclusiones que yo alcancé en aquel momento, se inice un proceso de reflexión que nos ayude a ser más libres y consecuentes con el control de nuestras propias vidas. Para facilitar la comprensión de mis argumentos, daré nombre a cada uno de los elementos y su relación comparativa con la experiencia que les acabo de contar. El estado español representaría a mi casa (en su conjunto). Mi papel se puede relacionar con los ciudadanos del estado. Mi madre y su "consejo" de no cruzar aquella puerta con el discurso del miedo iniciado por ciertos sectores del PP (de forma mayoritaria) y del PSOE. Por último, el contenido de aquella habitación misteriosa, se puede vincular con los derechos y libertades políticas y civiles tanto de los individuos como de los pueblos de este estado.

En efecto, desde que perdieron las elecciones, el PP se ha embarcado en una empresa que dificilmente puede traer ningun beneficio para el conjunto de la sociedad. En su afán por derrocar del poder a ZP hacen alusiones continuas a un mensaje cargado de miedo que pretende llegar a lo más profundo de nuestros sentimientos. Ante el estatuto de Cataluña se habla de la ruptura de España, se mete el miedo a la gente con la idea de que España esté firmando su acta de defunción (lo cual, ni aun siendo cierto, deberia ser un motivo de preocupación si es como consecuencia de procesos políticos y democráticos). Ante la legalización de los matrimonios homosexuales se habla de un atentado contra la familia, se mete miedo a la gente ante la posibilidad de que las familias tradicionales se desmoronen, con el consecuente efecto negativo que, supuestamente, esto tendría para la sociedad. Ante la posibilidad de adopción de niños por parte de estas parejas se habla de atentado contra la naturaleza, se mete miedo a la gente con un discurso sobre las nefastas consecuencias psicológicas y emocionales que esto tendría para los niños adoptados, como si vivir carente del amor de una familia fuera plato de buen gusto para alguno de ellos. Ante la llegada masiva de inmigrantes se habla de un descontrol en los mercados laborales y de una invasión cultural, se mete miedo a la gente con un discurso basado en los efectos negativos que, a largo plazo, esto tendrá para con los trabajadores autoctonos, así como de la estrecha relación que, según ellos, existe entre la imigración y el aumento de la inseguridad ciudadana, como si antes de la llegada de los inmigrantes no hubiera delicuentes en este estado, o como si fueran ellos los únicos que se dedican a delinquir en este territorio. Con estos ejemplos ya nos bastaría para observar perfectamente la dinámica de difusión del terror en la que se ha embarcado el PP, con la que da respuesta a todos y cada uno de los asuntos políticos de más candente actualidad, pero su discurso va mucho más allá. Al margen de esto, tanto PP como el PSOE, se amparan en el miedo para defender una ley que no permite a determinados partidos políticos presentarse a las elecciones democráticas, y, caso de que algun partido que ellos consideran afin a este sector ideológico(la izquierda abertzale) logré pasar la censura y presentarse libremente, siguen inculcando el miedo con determinados pronosticos (por cierto, no con mucho acierto) como que la representación parlamentaria de PCTV equivaldría a un resurgir de ETA y un recrudecimiento de la Kale Borroka (palabras de Acebes tras conocerse los resultados de las pasadas elecciones vascas, apoyadas por todo su partido y el sector duro del PSOE). Sin embargo la realidad es que casi dos años después de aquello nos encontramos en pleno alto el fuego de ETA y en vista de un proceso de solución, al cual, por cierto tratan de torpedear con argumentos del tipo: no habrá justicia y magnificando la imagen de gente como Txapote. También desde el PP nos hablan continuamente de la crisis económica que esta por venir. Según ellos, España entrará en breve, por obra y gracia de la gestión economica de ZP, en un periodo de recesión economica grave que hará aumentar el paro hasta niveles impensables con el gobierno de Aznar, hundiendo a los trabajadores del estado en un periodo de pobreza y desamparo dificil de superar (salvo que ellos vuelvan a gobernar, claro está). Es decir, miedo, miedo y más miedo. Y no es que podamos decir que esta estrategia sea algo inventado por el PP, que es algo tan antiguo como el propio hombre, y ejemplos de sus resultados los tenemos muy buenos y muy variados tanto históricos como actuales. Solo hay que analizar la doctrina de la iglesia católica o las campañas propagandísticas del gobierno Bush para saber de que estamos hablando. Pero es cierto que nunca antes se habia usado en España con tanto descaro y con tanta falta de respeto para con la democracia y las libertades políticas y civiles de los pueblos y los individuos. El miedo paraliza al individuo, y ante esta situación se aceptan todo tipo de propuestas para reiniciar la movilidad. La estrategia del PP es sencilla, aunque no por ello poco eficaz, todo lo contrario. Primero se mete miedo a la población, se le atosiga con mensajes catastróficos, y luego se le exponen las soluciones apropiadas para seguir adelante y vencer a la amenaza. Esta solución no es otra que seguir al pie de la letra el discurso y las propuestas que ellos plantean. Y ya se sabe que un humano asustado, es un humano mermado de su capacidad para razonar libremente. Con lo cual, un humano asustado es un blanco facil para la propagación de sus ideas tradicionalistas y reaccionarias. Esta estrategia no solo es solo un peligro que puede desencadenar y alentar la violencia extremista, si no que, además, es una estrategia profundamente anti ética y cercana a los mecanismos de control social utilizados por los sistemas totalitarios, al claro estilo del Gran Hermano de Orwell.

Por eso, como ya hiciera yo cuando niño, desde aqui les animo a que abran la puerta, a que venzan al miedo, a que entren sin temor en aquella habitación donde se esconden los derechos y libertades de millones de personas. No tengan miedo a que se reforme la constitución, ni a que se abra un dialogo político serio sobre el modelo de estado. No tengan miedo a que cada pueblo pueda decidir por si mismo su propio futuro. No tengan miedo a que una parte del estado pueda separarse del resto si se hace mediante el respeto a la voluntad soberana y mayoritariamente expresada por sus ciudadanos. No tengan miedo a felicitar con una sonrisa a una pareja de homosexuales que sellá su amor en matrimonio. No tengan miedo a explicarles a sus hijos que ahora es posible que tengan compañeros de colegio con dos padres o dos madres. No tengan miedo al mestizaje cultural, no tengan miedo a compartir su puesto de trabajo , o su propia casa, con un inmigrante. No tengan miedo a que se intente resolver dialogadamente el conflicto vasco. Asi que ya lo saben, no tengan miedo a que la sociedad democrática avance.

Por eso, crucen esa puerta que desde el PP les estan prohibiendo, se darán cuenta que dentro no hay tragedia ni horror, si no la libertad y el derecho a decidir libremente de millones de personas. El derecho y la libertad de los ciudadanos del mundo para vivir libremente en cualquier lugar sin sentirse un extranjero. El derecho y la libertad de un niño huerfano para tener una familia que lo quiera y lo arrope cada noche, sin importar el sexo que tengan los padres-madres. El derecho y la libertad de un ser humano para compartir su vida con la persona a la que ama, en igualdad de condiciones civiles, jurídicas y políticas que el resto de la sociedad. El derecho y la libertad de un pueblo para decidir libremente su futuro, sin mas decisión que la libre expresión de su voluntad soberana. En definitiva, el derecho y la libertad de millones de personas que se merecen ser tratadas como lo que son, seres humanos. Si, seres humanos con los mismo derechos que tú y que yo (sin olvidar nunca que tú y que yo, que cualquiera de nuestros amigos, hijos o familiares, podemos estar dentro de cualquiera de esos grupos, si no hoy, mañana o en un futuro incierto).

P.D. Al final mi madre, cuando descubrió que habia sido capaz de cruzar aquella puerta, le puso un candado para que no volviera a hacerlo. No permitamos jamás que ni el PP ni nadie haga lo mismo con estos temas que a todos nos afectan.

P.D.2 Lo de la habitación de mi casa es falso, a ver si madre va a leer esto y se va a pillar un cabreo de la ostia. :)

Pedro Antonio Honrubia Hurtado.

servido por honrubia 1 comentario compártelo

15 Agosto 2006

Moral, moralina, política y miedo a la democracia

Hace tiempo que muchos venimos pensando en el uso político que algunos sectores ideológicos hacen de los asesinatos y los muertos de la Banda terrorista ETA. Lo que antes pudiera ser solo una sospecha, ahora, una vez ETA ha puesto sobre la mesa la posibilidad de dar una salida negociada al conflicto vasco, se ha convertido en un realidad. El conservadurismo español está que trina con la hipotética eventualidad de negociar con los terroristas, sobre todo si de lo que se trata es de poner encima de la mesa cuestiones relativas a los presos de la organización. Debemos tener respeto por las víctimas, hay que proteger el estado de derecho, en honor a la justicia no se puede negociar con asesinos, nos dicen. Un discurso que, en términos morales, puede que tenga un amplio calado entre la opinión pública estatal, pero que en términos políticos no conduce a ningún sitio. No lo digo yo, lo dice la historia universal.

No existe en la historia contemporánea un solo conflicto armado, político o geoestratégico que no haya necesitado de una mesa de negociaciones para su resolución. Incluso en aquellos casos donde los vencedores tenían todo lo necesario para imponer su postura por la fuerza de las armas, una mesa de negociaciones dictaminó las cláusulas de rendición para los vencidos. Máxime si el conflicto en cuestión, más que una guerra en sí misma, es un conflicto político entre un estado legítimo y una organización terrorista. Hablar de paz en estos casos, en realidad, es hablar de un proceso de normalización política que tiene repercusiones en la calidad de vida de la sociedad civil del territorio en conflicto. Los acuerdos de viernes santo en el Ulster, las hojas de ruta en Palestina, los acuerdos de la Haya para el conflicto en Filipinas, las resoluciones de la ONU relativas a la cuestión del Sahara Occidental, los innumerables casos de los estados de América Latina (El Salvador, Guatemala, Nicaragua, etc.) o los acuerdos alcanzados para la resolución de conflictos en países africanos (Ruanda, Liberia, Sudáfrica, Costa de Marfil, etc.) son ejemplos recientes de la obligatoriedad que tienen los gobiernos de sentarse a negociar si quieren trazar un plan para acabar, de una vez y para siempre, con la existencia de la violencia terrorista. En todos estos casos, al igual que ocurre hoy día con el conflicto vasco, se daba un enfrentamiento – más o menos crudo- entre un gobierno legítimo y una organización terrorista, bien fuera esta una guerrilla, bien fuera una banda terrorista. Y en todos, absolutamente en todos, había miles de muertos encima de la mesa. Afortunadamente, muchos de estos acuerdos han servido para normalizar la situación del estado en cuestión, y hoy día, la sociedad civil puede vivir en paz.

La conclusión que se desprende de todo esto es bien sencilla: La resolución de todos los conflictos políticos necesita una negociación, y en la negociación ambas partes han de estar dispuestas a hacer concesiones para alcanzar el acuerdo. Cualquier otra postura es abocar por el fracaso de las negociaciones, y el conflicto vasco no es ninguna excepción a esta regla. En la situación actual, en nombre de una supuesta moral infranqueable, el conservadurismo español está intentando poner límites a la negociación que ha de venir. Nada de amnistías generalizadas, ni acuerdos para la indulgencia de los terroristas, es más, nada de poner fin a la política de dispersión de presos. Sobre esta base sustentan estos señores sus reivindicaciones. A primera vista pudiera parecer una postura muy razonable, pero tras un análisis profundo nos damos cuenta que, a la larga, deberá ser la mesa de negociaciones quien se encargue de decir hasta que punto es válida. Lo que quiero decir, es que el gobierno no debe sentirse cohibido por el conservadurismo español a la hora de entablar las negociaciones y alcanzar los acuerdos que fueran necesarios para la paz, siempre y cuando se respete el derecho de las víctimas a recibir la justicia que merecen. Si de mí dependiera, pondría un límite: no negociar el perdón a quienes cuentan en su historial con la realización material de un atentado con resultado de muerte. A partir de aquí todo es negociable si con ello pudiéramos lograr la disolución de ETA y el fin de la violencia terrorista. Una mesa de negociaciones no está para hacer moral, una mesa de negociaciones está para hacer política.

Y es que, aunque el conservadurismo español nos quiera hacer creer lo contrario, moral y política son campos diferenciados. Según el diccionario de la R.A.E., la política es la actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Por su parte, la moral es la ciencia que trata del bien en general, y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia. Sin duda, una política democrática exige de una carga moral positiva para satisfacer los intereses, los derechos y las libertades de los ciudadanos de un estado, pero una política seria, que aspire a ordenar jurídicamente un estado en busca de la maximización del bienestar del global de sus ciudadanos, a veces debe pasar por encima de la moral -aplicable a los casos concretos- si aspira verdaderamente a ello. Por mucha carga moral que nos produzca la situación de una persona hambrienta, debe haber una ley que regule el robo de comida en los establecimientos expendedores, puesto que, de no ser así, la generalización de la norma podría acabar convirtiendo al estado en un caos. Por mucha carga moral que nos produzca la situación de los países subdesarrollados, debe haber una ley –más o menos flexible- que regule la identidad de los ciudadanos del estado, y ponga ciertos límites a la llegada de extranjeros, pues de lo contrario, con la generalización de la norma, el estado y su sociedad acabarían por convertirse en un caos. Pues bien, por mucha carga moral que nos produzcan los muertos de ETA, hemos de asumir que, a la vista de la historia contemporánea universal, ha de haber una mesa de negociaciones que tome una serie de decisiones legales que nos conduzcan al fin del conflicto terrorista en el País Vasco. Y para ello hemos de hacer caso de la política y no de la moral. Para ello, hemos de aceptar que se pueden tomar decisiones que muchos pudieran considerar amorales. Máxime, cuando los que defienden la postura moral no tienen, valga la redundancia, ni la más mínima autoridad moral para ello. ¡Que no me hablen de moral quienes tienen entre sus filas a ex dirigentes de un régimen fascista que fue responsable de cuarenta años de dictadura, miles de muertos, centenares de miles de presos políticos y millones de exiliados! ¡Que no me hablen de moral quienes apoyaron una guerra que ha causado ya –suma y sigue- más de cuarenta mil muertos civiles inocentes! ¡Que no me hablen de moral quienes se consideran amigos y aliados de un estado que aplica sistemáticamente la pena de muerte y que está a punto de aprobar una ley donde se criminaliza a las personas por no tener los papeles de residencia! ¡Que no me hablen de moral quienes propusieron y apoyaron la realización de un golpe de estado en Venezuela contra un gobierno legítimamente apoyado por las urnas! ¡Que no me hablen de moral quienes se manifiestan en contra de los derechos de las personas según tengan una u otra condición sexual! ¡No! ¡Ustedes no tienen ningún derecho para poner la moral encima de la mesa de negociaciones! Ustedes lo que nos quieren imponer es su moralina del tres al cuarto. ¡No la queremos! Ustedes lo que tienen es miedo, mucho miedo.

Miedo a que las armas callen y los votos hablen. Miedo a quedarse sin argumentos para defender sus ideales retrógrados y nacionalistas totalitarios. Miedo a que los individuos puedan defender –y aspirar a ver realizadas en acto- libremente ideologías que no les gustan o que atentan contra su idea de España. Miedo a que la historia les haga pagar por tanta mentira y tanta basura antidemocrática. Miedo, mucho miedo, eso es lo que tienen. Pero no de ETA., miedo de la democracia.

servido por honrubia sin comentarios compártelo

15 Agosto 2006

Por una política de pactos cero con el españolismo!

A mi ciertamente me da verguenza ajena saber que el PA y el PSA mantienen pactos de gobierno con el PP y el PSOE en multitud de pueblos y ciudades de Andalucía. Si realmente quieren demostrar coherencia en el discurso impulsado por Julián Alvarez en los últimos tiempos en el PA, o el de algunos de los militantes del PSA que han salido últimamente a escena, espero que para las próximas municipales ni se planteen semejantes cosas, de lo contrario volverán a demostrar que hablan sobre unas ideas, y luego las pisan a las primeras de cambio. Y ahora ustedes miembros y simpatizantes del PA y el PSA me podrán justificar una y mil veces esos pactos, pero la realidad es que no tienen justificación alguna, y cuando lo hacen se están vendiendo por un poco de poder. En realidad solo entendería pactos con alguno de estos dos partidos -y no siempre ni a cualquier precio- cuando sean el PA o el PSA quienes gobiernen e impongan las condiciones del pacto, lo cual dificilmente es compatible con pactar con el PP -e incluso con el PS0E- si realmente esas condiciones son de índole nacionalista. Pero lo que no entenderé nunca, lo que me parece humillante y degradante para el nacionalismo andaluz, es que el PA, el PSA o cualquier otro partido que así se declare, alcance algún tipo de pacto de gobierno para poner en el sillón de mando a uno de estos dos partidos, aunque a cambio se lleven las mijagas de alguna concejalía cualquiera, o el pastel sabroso de la concejalía de obras públicas -ya se sabe-. Si con los votos del PA o el PSA, PP o PSOE gobiernan en mayoría en un ayuntamiento, es que todo lo que hablan estos señores de nacionalismo es simple y llanamente FALSO. Más vale estar en la oposición y defender Andalucía de manera digna, que venderse por un poco de poder y contniuar haciéndoles el juego a estos partidos que diariamente nos humillan y exclavizan, para que sigan haciendolo eternamente. Cada pacto del PA o el PSA con el PP o el PSOE para dar a estos un ayuntamiento, es una nueva puñalada en el corazón de los intereses de Andalucía y el progreso del nacionalismo andaluz, eso es evidente, y espero que el señor Alvarez y demás miembros del PA sepan tomar nota y actuar en consecuencia. De Pacheco es que sencillamente ni me lo planeto que no lo haga, ya sabemos todos de que pie cojea. Vamos en mi opinión el nacionalismo andaluz debería empezar a plantear de una vez y para siempre una política de pactos cero con el españolismo, salvo que sean los españoles los que tengan que entrar al trapo y aguantar con lo que desde el nacionalismo andaluz se imponga.

(Intervención expuesta un foro nacionalista andaluz)

He creido conveniente copiarla tal cual, sin más retoques ni de estilo ni de lenguaje, porque creo que a pesar de estar fuera de su contexto natural se puede entender perfectamente.

Pedro Antonio Honrubia Hurtado

servido por honrubia sin comentarios compártelo


Sobre mí

Este Blog se abre con el deseo de que sea un vehiculo de comunicación para mi y para todas las personas que tengan el placer de visitarlo. En estos días que corren, donde levantar la voz contra las normas y los valores morales imperantes sigue siendo pecado, se hace más necesario que nunca continuar cuestionando todo lo que ocurra a nuestro alrededor, incluido todo aquello de lo que estemos mas orgullosos y seguros. Esta, y no otra, es la finalidad de este Blog. Así, que como consta en la inaguración, este pequeño espacio cibernético no tiene más aspiración que saber que si algún día se cierra, al menos nadie pueda venir a ponerle la frase postuma que, según Nietzsche, distingue a los Filósofos de los imitadores: "Nunca turbó". Pues eso, ¡que turbe!, ¡que turbe! Y por supuesto, todo el que quiera participar en ello solo tiene que mandarme un email con su colaboración: yo69pedro@hotmail.com

Fotos

honrubia todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera